El secreto de las planeaciones que nadie te dice

 

Este 2021 inició con pie derecho. Y me refiero a las historias que me ha tocado escuchar de parte de nuestros clientes, que me ponen tan de buenas. Recientemente me reuní con uno de nuestros más cercanos y mientras platicábamos cómo continuar el viaje Customer Centric, me decía que con tan sólo la disciplina de seguir el primer Plan, ha podido llegar a resultados tangibles y contundentes en términos no sólo de dinero, sino de impacto. Y ya lo creo. Es una de las empresas con menor rotación que he visto y, cuando platico con sus colaboradores, todos están (independientemente del contexto) optimistas, proactivos y viendo “qué más sigue”.

Qué creo que sucedió? Supieron aplicar el binomio: disciplina combinada con claridad.

¿Por qué lo creo? Porque desde antes de la pandemia, tenían una filosofía que hablaba del impacto que debería dejar cada transacción en el cliente, eso es claridad. Porque toda la planeación se orientó hacia cómo cumplir ese resultado desde las distintas áreas, con colaboradores específicamente comprometidos con su tramo de responsabilidad, con la mentalidad opuesta a “esa no es mi chamba” y con un indicador (si, sólo uno) qué cumplir en cada departamento para llegar al resultado final deseable por el cliente. Y eso no bastó; fue la disciplina de revisar mes con mes el avance minucioso de cada líder para prever qué se cumpliría y qué no. Estas juntas no fueron negociables.

¡El resultado fue innegable! Por lo tanto, el secreto es sencillo: claridad y disciplina. No milagros, no “a ver qué pasa”, no las expectativas sobre otros.

Quizás has escuchado que la Planeación es el ejercicio opuesto a la flexibilidad o es un método anti-innovación, pero hoy más que nunca, puedo asegurarte que es el tiempo mejor invertido de un equipo de trabajo. Resulta bueno hacerla por 3 razones que, para mi, son de suficiente peso:

  1. Es la mejor oportunidad de crear y/o transmitir con claridad qué busca la organización dejar en sus clientes.

  2. Es la mejor reunión para enganchar a todos en el “cómo” debemos llegar a este impacto (que puede tener tangibles e intangibles).

  3. Es la posibilidad de habilitar los canales de comunicación, de uniformar criterios, de ponerse de acuerdo en qué servicio interno debería existir para generar el resultado con menos fricción y cómo mediremos el progreso.

Y hay muchos más beneficios que yo misma he visto tras un ejercicio como éste. Planear es customer centric. Te lo digo porque durante más de 12 años de intervención con empresas diversas, he notado que el común denominador entre las que son exitosas al alcanzar resultados, no es otra cosa que propiciar espacios para escuchar a todos hasta lograr la claridad y la disciplina.

Vayamos por pasos.

CLARIDAD

Diana Zuluaga nos enseñó que el primer paso para lograr claridad, es la aceptación radical. Es decir, si eres de los que piensan:

“Todo el mundo va improvisando y aprendiendo así, igual que yo. Hacer un plan sólo quita tiempo y acabamos haciendo otra cosa, ¿para qué destinarle más energía? Mejor pongo manos a la obra y resuelvo sobre la marcha”,

Déjame decirte que estás en negación. Con sólo cambiar de perspectiva podrías lograr la aceptación radical. Por qué no darle la vuelta y pensar:

“El negocio tiene muchos gastos e imprevistos y menos ventas. Miro de frente al problema y hago un plan para eliminar la incertidumbre. Soy una persona de éxito y esto es mi responsabilidad. El negocio merece ahora una misión inspiradora”.

Ahí está la diferencia. Desde nuestra experiencia en Clientia, la aceptación radical te hará un switch mental que habilita el encuentro con soluciones específicas y con la oportunidad de vislumbrar cuál es la máxima contribución que podrías estar dando desde lo profesional.

Desde ahí sí que vale la pena hacer un plan de acción y destinarle tiempo. Como dice Emmanuelle Fuentes:

“Requieres saber movimientos concretos, no necesitas ver la escalera completa, pero sí los siguientes dos pasos para cumplir esa visión. Entre más detallada puedas imaginarla, mejor. Entre más te emocione pensar en ello, mejor”.

¿Cuáles serán los siguientes dos pasos obligados que necesitas dar como líder para que tu negocio escale? ¿Qué deberías hacer con tu equipo en calidad de urgente para que el resultado se garantice? ¿Verdad que vale la pena tener esta posibilidad?


DISCIPLINA

¡Tantos autores al respecto! Unos dicen que consiste en dejar de supeditar las actividades que debes hacer a tu estado de ánimo o nivel de inspiración, porque el día que tienes baja energía o algo sucedió, está claro que se tratará de un día menos en el que ya no continuaste construyendo. ¿Y sabes? es inevitable. Como seres humanos tendrás días malos. El chiste es estar preparado en 3 sentidos:

  1. Trabajar la mentalidad. Si le darás poder a lo de afuera cada vez que suceda algo que no te guste, literal, estás poniendo fricción a tu sueño. Es inevitable sentir; pero sí podemos decidir qué hacer después de sentir aquello.

  2. Trabajar en tu ambiente. Jim Rhon dice que somos el promedio de las 5 personas más cercanas que nos rodean. McClelland dice que el 95% de los éxitos o fracasos que vivimos, están directamente relacionados con las personas a nuestro alrededor. Nicholas Christakis y James Fowler dicen que los amigos y personas cercanas a ti, tienen el mayor círculo de influencia sobre tus decisiones, por ejemplo: si un amigo cercano a ti fuma, hay 61% más de probabilidades de que tú fumes; si un amigo de tu amigo fuma, hay un 29% de probabilidades de que tú fumes; si es el amigo del amigo del amigo (3er grado) hay aún un 11% de probabilidades. Como ves, esto aplica no sólo en temas de salud, sino de felicidad y propensión a logros. Si hay gente con mentalidad positiva cercana a ti, estarás más propenso a estar tranquilo y por consiguiente más propenso a ser disciplinado, aún cuando no estés tan inspirado.

  3. Trabajar técnicas anti-procrastinación. Nos fascina escudarnos en pretextos difusos y engañamos a la mente evitando aquello que no nos gusta tanto hacer, pero sabemos que es necesario. Tienes 2 opciones dependiendo de la tarea que postergas: o le pones al reloj 5 minutos para hacerlo sin interrupciones (de modo que tu cerebro se enganche y ya no pueda parar) o la delegas. Si no puedes delegarla, sé consciente de todo lo que pierdes al seguirla postergando. A veces el costo de no hacerlo a tiempo podría ser mayor de lo que te imaginas, piensa detenidamente en ello.


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